miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Tribunal de Familia de Vermont (USA) reconoce Alienación Parental en un caso de custodia de niña entre lesbianas

Conflicto entre dos madres por su niña victima de SAP: el SAP existe y no es sexista. La madre alienadora pierde la custodia de la niña en favor de la madre alienada.
Solo tres seres humanos femeninos y un solo SAP verdadero, para sorpresa de los “negacionistas” del SAP: el caso Lisa Miller v. Janet Jenkins. En España esta noticia mundial es silenciada.
Los tribunales en los últimos años han decidido que el potencial a largo plazo del daño psicológico a un niño que sufre ese tipo de comportamiento abusivo (SAP) es mucho mayor que el derivado de cambiar de custodio.
El caso Lisa Miller / Janet Jenkins ha estado en las noticias y en los tribunales durante mucho tiempo.
Las dos mujeres eran amantes y formaron una unión civil bajo las leyes de Vermont. Miller se quedó embarazada por inseminación artificial y las dos mujeres plantearon a su hija, Isabella, por un tiempo. Pero Miller cambió de opinión acerca de ser lesbiana, tomó a la niño y se mudó a Virginia . Jenkins ha tratado de custodia y / o de visita, pero Miller, con su recién descubierta antipatía por las relaciones del mismo sexo, hizo lo posible para imposibilitar cualquier forma de contacto de Jenkins con Isabella.
Que todo ha sido emocionante y espeluznante suficiente para que incluso la prensa nacional para informar. Pero, como uno de los expertos de derecho de familia en Vermont señala acertadamente, que si quitas el aspecto del mismo sexo, no es más que otra variedad de alienación parental.
Según el abogado y el tribunal de familia de expertos Kurt Hughes, de Burlington, Vermont, el resultado es típico de algunos casos de custodia en que uno de los padres en varias ocasiones se niega a acatar una orden judicial arreglo de custodia.
“A pesar de que llegó a los titulares ya que este pasa a ser una pareja del mismo sexo, se trata de un derecho de familia muy básica de que estamos hablando.”
Hay algo llamado síndrome de alienación parental, en el que un padre es siempre malo en la boca del otro progenitor “, explicó Hughes. Y así, los tribunales en los últimos años han decidido que el potencial a largo plazo del impacto psicológico de un niño en ese tipo de comportamiento es mucho mayor que la interrupción temporal que se derivarían de un niño cambia de hogares de un padre l otro. “La madre biológica, Lisa Miller, ha sido condenada a renunciar a la custodia de la hija Isabel a la otra madre, Jenkins, al inicio del nuevo año. Miller retendrá los derechos de visita. Si no cumple, puede terminar en la cárcel”.
Como yo (y Hughes), dijo, el Miller caso de Jenkins es francamente nada especial – sólo un caso de divorcio y la custodia en la que el padre de la custodia va a tales extremos para negar el acceso no privativas de libertad de los padres a sus hijos que el tribunal está obligado a intervención y el cambio de custodia. Es un simple caso de alienación parental.
Negadores de Alienación Parental rutinaria afirmación de que los temores del niño del padre sin custodia no fueron colocadas por el padre con custodia, sino que son el resultado natural de la violencia y la brutalidad del padre sin custodia. Por supuesto, el padre no custodio es casi siempre el padre, los negadores de Alienación Parental lo son casi siempre alegando que es un padre que es un peligro para su hijo. No es por accidente. negadores de Alienación Parental parecen siempre estar en contra de los defensores de padre.
Así que será interesante ver lo que tienen que decir acerca de este caso. ¿Van a tratar de etiqueta Janet Jenkins como brutal, violento y peligroso a Isabella? Después de todo, ella es una mujer, y las mujeres no son violentas hacia los niños, ¿verdad? Pero ¿cómo pueden pasar por alto un caso en que un juez ha dictaminado que implícitamente Miller ha alienado a Isabella? La vida puede ser difícil cuando estás con un negador de la Alienación Parental.

lunes, 27 de julio de 2009

ESA GENTUZA


ESA GENTUZA
Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte

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Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.