domingo, 12 de agosto de 2007

En las separaciones, más del 60% de las denuncias de abusos sexuales a menores son falsas

José Manuel Aguilar

A menudo los hijos pagan las consecuencias de la ruptura de una relación de sus progenitores. Pero hay ocasiones en las que incluso los menores son manipulados por un miembro de la pareja para ponerlos en contra del otro.
José Manuel Aguilar es perito psicólogo en los Tribunales de Andalucía y ha participado recientemente en el congreso que la Asociación vizcaina de Padres y Madres Separados (ABIPASE) ha celebrado sobre resolución de conflictos.
¿Cuál es su labor?
Averiguar si los niños son manipulados por los padres cuando una pareja recurre a un juicio para romper su relación. He publicado un libro sobre el Síndrome de la Alienación Parental, que trata sobre este tema.
¿Cómo se puede diagnosticar esa manipulación?
El síndrome trata de cómo uno de los progenitores, habitualmente el que tiene la guarda y custodia del menor, educa al niño en el odio con la intención de que rechace al otro progenitor, de modo que no quiera verlo siquiera. Comienza realizando una serie de ataques y comentarios inadecuados hasta que el menor los interioriza y el mismo niño comienza a agredir verbal y físicamente al otro progenitor hasta que corta la relación y se rompe.
¿Se pueden llegar a esos extremos?
Es la explicación de por qué un hijo puede odiar a su padre o madre y no querer verle.
¿Es algo que pasa a menudo?
Con muchísima frecuencia. Hay una tendencia de implicar a los niños en un problema de adultos. El defensor del menor de Madrid, Pedro Núñez, ha comentado que entorno al 32% de las separaciones se produce estas situaciones en alguna de sus formas: leve, moderada y severa.
¿A qué edad son más influenciables los niños?
A partir de que empiezan a razonar, con 4 ó 5 años y el momento crucial es la adolescencia. En esta edad siempre hay una de las partes que quiere imponer disciplina ya que es un momento importante en su vida, mientras la otra parte intenta desautorizar a quien quiere ejercer de padre o madre.
¿Es importante la edad del niño en la que intervengan los psicólogos?
Precisamente, de la adolescencia en adelante es muy complicado trabajar con ellos porque son autónomos y pueden negarse a ir al psicólogo o al Tribunal. En esta cuestión la lentitud jurídica es causada por la falta de conocimiento de lo severo que es el asunto. En el Estado hay una falta de reconocimiento de este problema ya que lo vemos quienes trabajamos en los tribunales, sin embargo, no se dan cuenta de ello los psicólogo clínicos o infantiles.
¿Qué hay que hacer cuando se detecta el problema?
El primer paso del tratamiento con el menor afectado es interrumpir la relación perniciosa con el alienador que causa el daño con un cambio de custodia. También ir aumentando sustancialmente el tiempo que el niño comparte con el progenitor odiado, y para que el niño vea que el adulto al que se la ha enseñado a odiar no es tan terrible como se supone. Lo que se hace es como un "lavado de cerebro". La cura llega por la parte del ámbito judicial y cuanto antes, mejor. Desgraciadamente, hay un gran desconocimiento y desprotección, también por la custodia monoparental.
¿Cómo reaccionan los padres?
Negando absolutamente esta circunstancia. Aseguran una falta de conocimiento de su actitud porque consideran que estaban haciendo lo mejor para sus hijos y dicen que no era su intención. En todo caso, lo justifican porque dicen que el otro es un maltratador o una borracha o una golfa, incluso que se abusa de ellos. Llegan a ese extremo... Todos los estamentos judiciales reconocen que por encima del 60% de las denuncias de abusos sexuales dentro del ámbito de las situaciones contenciosas son falsas. Hay profesionales que suben esta cifra.
¿Y qué pasa entonces?
Desde que se pone la denuncia por abusos a un menor hasta que se instruye pasan nueve a doce meses. Durante este tiempo el progenitor denunciado deja de ver al niño porque se elimina el régimen de visitas de forma cautelar, y aunque luego se archive, el denunciante ha tenido 9 ó 12 meses para trabajar al niño porque ha conseguido distancia física y tiempo para elaborar la alienación. El problema es que los abusos sexuales y la denuncia de malos tratos se banalizan para su propio provecho cuando es un problema muy serio.
Mientras tanto, hay niños de los que se ha abusado sexualmente y mujeres maltratadas a las que no se puede proteger.

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